Tras la pandemia, el mercado inmobiliario global dio un giro hacia lo campestre. Los ibaguereños en el exterior buscan para sus familias (o para su propio retiro) espacios que ofrezcan lo que las grandes metrópolis extranjeras suelen carecer: aire puro, contacto directo con la naturaleza y amplias zonas sociales (piscinas, senderos, lagos).
Temas como la arquitectura bioclimática y el vivir en un entorno sostenible pero con comodidades urbanas (seguridad 24/7 y servicios garantizados) son factores decisivos de compra.